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 Una espada de otros

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MensajeTema: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:53 pm

Y sigueindo lo de poner todas mis historias antiguas... aqui esta la ultima que voi a subir antes de seguir con la de Persona... yo creo que es mejor que la otra, pero bueno, espero que os guste!!!


Abrió los ojos, por un momento se sintió desorientado, pero enseguida recordó…
El día anterior había comenzado como cualquier otro, por la mañana la luz que entraba por la ventana de su cuarto lo había despertado como hacía todos los días de verano y él se había levantado, vestido y preparado para un nuevo día.

Era domingo, así que sabía que esa mañana tendría que ir a la iglesia… desde que sus padres murieron y él vivía con su abuela era una rutina solo interrumpida por las frecuentes recaídas de esta en una extraña enfermedad que los médicos parecían desconocer, pero que al igual que un día no podía levantarse de la cama al día siguiente tenía más vitalidad que un niño pequeño.

Bajó las escaleras y allí encontró a su abuela preparada para salir y con su desayuno preparado, mientras se lo tomaba pensó que la abuela había comenzado con sus misteriosos achaques a raíz de la muerte del abuelo… era algo bastante extraño, pero decidió no pensar más en eso porque las campanas comenzaban a sonar, si no se daba prisa acabarían llegando tarde.

Por suerte la iglesia no estaba lejos en absoluto, prácticamente vivían en la puerta trasera del edificio, y cuando llegaron apenas había unas tres o cuatro personas más dentro del templo, todos conocidos, lo que es normal teniendo en cuenta que en ese pequeño pueblo apenas vivían habitualmente unas cincuenta o sesenta personas.

Al acabar el oficio el cura cogió su coche y salió del pueblo como todas las semanas, aparte de los camiones que traían las pocas cosas que había en la tienda era el único que entraba y salía del pueblo regularmente, por lo que la pequeña localidad cacereña quedaba prácticamente incomunicada.

Pero sin embargo se sentía una atmósfera extraña, como una presencia… algo o alguien se acercaba, y fue entonces cuando vieron entrar a aquel… ¿hombre?

Llevaba un abrigo largo negro de cuero, unos pantalones largos y unas botas altas hasta las rodillas todo del mismo color y material, pero lo más extraño no era eso, sino la enorme katana que llevaba en su mano derecha y… ¡un ala negra saliendo de su hombro derecho!

Alzó un brazo y gritó algo, pero nadie prestó atención a sus palabras, ya que en ese momento el cielo se oscureció y aparecieron unos extraños seres negros por todas partes.

La gente intentó huir, pero las criaturas parecían salir por todas partes y al tocar a los humanos parecían convertirlos en nuevos seres… el único lugar seguro parecía ser la iglesia, ya que aunque las criaturas la rodeasen no se atrevían a entrar en ella, hasta que el hombre llegó y derribó la puerta con un golpe de su espada.

- Entrad ahora, mis sincorazón, y devorad la cerradura de este mundo – dijo al penetrar en el templo, y añadió – Quién iba a pensar que la cerradura de un mundo tan grande se encontrara en un lugar tan… insignificante.
Fue en ese mismo instante cuando una especie de “cúpula” de oscuridad le cubrió y lo absorbió a un lugar que desconocía mientras unas palabras el misterioso hombre resonaban en aquel “túnel”: “Y ninguno de los dos está aquí…”

Cuando abrió los ojos de nuevo se encontraba tirado sobre un frío suelo de piedra, parecía encontrarse en un castillo, e intentó salir de este lugar, pero al atravesar la puerta se golpeó contra alguien… o algo…

Parecía un osito de peluche, apenas llegaba al medio metro de altura y tenía un pompón sobre su cabeza aparte de dos curiosas alas en su espalda.

- El invitado ha despertado, kupó, será mejor que avise a los otros… - y desapareció por un largo corredor dejándole como atontado, ¿qué demonios era esa criatura?
- No te preocupes – oyó una voz que venía del otro extremo del pasillo – esas criaturas se llaman moguris, no tienen nada que ver con las que atacaron tu mundo.
- ¿Quién eres tú? – gritó sobresaltado - ¿qué demonios estás diciendo de mundo? ¿qué está pasando aquí? ¿dónde estoy?
- Este chico hace demasiadas preguntas, Squall – dijo una chica que apareció al lado de la otra figura.
- Te he dicho que no me llames así, Yuffie, ya no me merezco ese nombre.
- Lo siento, León…
- Será mejor que lo llevemos con Cid, él podrá responderle mejor que nosotros… ¡eh, chaval! ¡por aquí!

No parecía haber ninguna otra opción, así que decidió seguir a los dos personajes hasta otra sala bastante iluminada y con un enorme ordenador.

- ¿A que clase de criatura abandonada me habéis traído ahora, Squall, Yuffie? – dijo una voz que provenía de delante del ordenador.
- Yo no he traído a nadie – gritó la chica – Cloud lo dejó en el castillo, dijo algo de que había sido Él.
- Ya veo – dijo otra mujer que salió de detrás del ordenador – así que el hijo de Jenova ha vuelto… pero no vamos a dejar al pobre chico ahí plantado. Hola, me llamo Tifa, estos son Squall y Yuffie y aquel de allí es Cid, ¿y tú cómo te llamas?
- Yo soy Cross.
- Bien chavalín, voy a explicarte un poco por encima lo que pasa aquí. – Dijo el hombre del ordenador. – Pero no me interrumpas por muy absurdo que te parezca. No solo existe un mundo, hay muchos, muchísimos, y todos están conectados entre si. ¿Me sigues?
- Mmmm… ¿Si?... pero parece el argumento de un videojuego, ¿no?
- Tú calla y escucha, bien, pues resulta que esos seres que atacaron tu mundo, los sincorazón, se alimentan del “corazón” de los mundos, de su energía vital por decirlo de alguna manera.
- ¿Y eso es lo que pasó con el mío?
- Exacto, una vez que el corazón del mundo es devorado, el mundo desaparece junto con todos sus habitantes, excepto algunos que son enviados a otros mundos.
- ¿Y el hombre que iba con ellos también era un sincorazón?
- No – interrumpió Tifa – ese hombre es… bueno, no es un humano del todo, pero es algo parecido, era compañero de uno de nuestros amigos hasta que nos traicionó y vendió nuestro mundo a los sincorazón a cambio de… poder.
- Dijo algo de “ninguno de los dos está aquí…”
- Uno de “esos dos” podría ser Cloud… pero, ¿y el otro?
- No está claro – saltó la otra chica – ¡debía referirse a Sora!
- ¿Cloud? ¿Sora?
- Cloud es el antiguo compañero de Sephiroth, el hombre que atacó tu mundo, y Sora es el portador de la Llave Espada.
- ¿La Llave qué?
- Parece que habéis olvidado que no sabe nada. – intervino León, que se había mantenido callado hasta ese momento. – La Llave espada es el único arma capaz de impedir que los sincorazón devoren las cerraduras, los corazones de los mundos.
- Ya veo… ¿y entonces que hacéis vosotros aquí?
- Defendemos este mundo de los sincorazón y apoyamos al portador se la Llave en lo que podemos.
- Ya veo… bueno, como me habéis salvado… supongo que debería ayudaros, ¿no?
- ¿Salvado? – dijo otra voz que venía de la puerta del castillo.
- ¡Cloud! – gritó Tifa, y salió a recibir al recién llegado.
- Yo no te salvé de nada, llegaste a este mundo a través de un portal oscuro, yo solo te recogí y te traje aquí.
- ¿Un portal oscuro?
- Es uno de los caminos entre mundos, - aclaró Squall – pero es extraño, solo los sincorazón y algunas otras criaturas que por ahora prefiero no nombrar pueden crear esos portales…
- Entonces, o soy un bicho muy raro que puede crear portales sin ser un sincorazón ni nada por estilo y sin tener ni idea de lo que es, o alguien me sacó de ese mundo…
- Exacto.
- No lo comprendo.
- Nosotros tampoco.

Así acabó esa conversación y Yuffie le llevó a una de las habitaciones del castillo donde aprovechó para preguntarle.

- Oye, Yuffie, antes León te dijo que no merecía que le llamaras Squall o algo así, ¿por qué?
- El mundo de Squall fue destruido por los sincorazón, fue vendido por una Bruja, Artemisa, y la mujer que el amaba, Rinoa, quedó atrapada en el vacío del mundo.
- Vamos, que desapareció, ¿no?
- Si, y desde entonces León se siente culpable por no haber podido protegerla y abandonó su nombre para no olvidar nuca su mundo y la promesa que hizo al llegar aquí de luchar contra los sincorazón hasta recuperar lo que perdió o morir en el intento…
- Eligió el camino de la lucha, ¿no es así?
- Igual que todos nosotros, todos los que estamos aquí, incluso Sora, perdimos nuestro mundo y decidimos luchar contra lo que nos lo quitó todo.
- Yuffie…
- Dime.
- He decidido… ¡Que yo también voy a luchar!, aunque pueda hacer poco, me enfrentaré a los sincorazón y os ayudaré en todo lo que pueda.
- Me alegra oír eso, toda ayuda es poca en estos momentos y aunque al principio puedas pensar que no eres más que un estorbo en el camino de los demás, pronto serás capaz de luchar contra los sincorazón a nuestro lado como uno más.
- Gracias, Yuffie.

Ese había sido el día que cambió su vida, acababa de despertar, ese mismo día comenzaría con su entrenamiento para dominar los poderes que pudiera tener, o simplemente para aprender a manejar un arma que le permitiera enfrentarse a los sincorazón, pero lo que no sabía es que acababa de convertirse en una pieza más del tablero, y por el momento era el peón más insignificante de todos, aunque estaba destinado a convertirse en una pieza importante del juego…

Mientras tanto, muy lejos de allí, dos figuras vestidas completamente de blanco y encapuchados, hablaban entre sí:

- Parece que ya has elegido tu nuevo juguete.
- Jaja, ¿eso crees?
- ¿Acaso me equivoco?
- En efecto, no es mi nuevo juguete, es mi nueva arma.
- ¿Un arma? ¿ese chico?
- Aunque no lo creas, en las manos adecuadas ese chico se convertirá en la espada más poderosa.
- ¿La Espada de los Dioses?
- En efecto, Mateus, ese chico se convertirá en la Espada de los Dioses, y cumplirá nuestra voluntad.
- Espero que no te equivoques esta vez, Sanctus, maestro…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:54 pm

Los días pasaban monótonos, por la mañana entrenaba con León el uso de la espada, después tenía un rato de descanso para comer y descansar un poco de la paliza que le había dado su compañero, ¿es que no sabía contener un poco su fuerza?, por la tarde entrenaba magia con un viejo mago que parecía estar medio chiflado, un tal Merlín, y ya por la noche estudiaba los mudos y a los sincorazón con Cid, y en algunos ratos libres se contaban historias de sus mundos entre ellos, lo que hacía que sus ganas de conocer otros mundos aumentaran.



Pero lo que deseaba por encima de todo era enfrentarse a los sincorazón, en cuanto tenía un rato libre miraba al cielo esperando ver acercarse a esas criaturas, y un día, mientras hacía eso, algo ocurrió, algo cayó del cielo cerca de donde él estaba, y cuando llegó al lugar encontró a una chica tirada en el suelo.

Rápidamente la recogió y la llevó al castillo, donde la acostó en una de las habitaciones y fue a avisar a sus compañeros. Cuando regresó junto con Tifa y León la chica ya se había despertado y miraba extrañada a su alrededor.

- ¿Dónde estoy?
- Tranquila, esto es Bastión Hueco, caíste en este mundo después de que el tuyo fuera atacado por los sincorazón.
- ¿¡Y los otros!?
- Puede que hayan acabado en otros mundos o puede que hayan desaparecido.
- ¿No puedes tener un poco más de tacto, León? – dijo Cross– esta chica acaba de perder su mundo y lo más seguro es que sepa lo mismo que yo cuando llegué aquí.
- Tiene razón – intervino Tifa – será mejor que antes de nada le expliquemos todo, por cierto, ¿cómo te llamas?
- Blanca
- Encantada, yo soy tifa y estos son León y Cross, ven conmigo, te presentaré a los demás y te explicaremos lo que está pasando. Cross, podrías ir a la entrada, si Cloud vuelve dile que ha llegado otra más.

Mientras que Tifa y León se llevaban a la chica a la sala donde se encontraban los demás Cross se fijó por primera vez en la recién llegada. No era muy alta, debía tener unos dieciséis o diecisiete años, como él, tenía el pelo corto y moreno, pero había algo extraño en ella, algo que le atraía, algo que le hacía sentir… raro…

Cuando se perdieron en el pasillo decidió ir a esperar a Cloud a la entrada, y no tardó en oír el motor de Fenrir, la moto de este, y en cuanto le dijo que había llegado otra persona más a aquel mundo se dirigió a su cuarto, se encontraba cansado y necesitaba pensar.

Al día siguiente la rutina cambió radicalmente, él ya no era el nuevo, y desde ese momento León, para su alivio, dejó de darle sus palizas matutinas, desde ese día entrenaría todas las mañanas con Blanca, y pronto los dos alcanzaron un nivel de manejo de la espada más que aceptable.

Unas semanas después Cid apareció en mitad de las prácticas de magia gritando:

- ¡Han vuelto!, ¡Ya han vuelto!
- ¿Quiénes? – gritó Merlín, sobresaltado, lanzó un conjuro de fuego que se suponía debía alcanzar el escudo que Cross había creado, pero que pasó rozando la cabeza de Cid.
- ¿¡Acaso quieres matarme, viejo loco!?
- ¿Quiénes han vuelto, señor Cid? – preguntó Blanca educadamente.
- (Que educada es esta chica siempre) Sora y sus amigos.
- ¿Sora?
- Si, el elegido de la Llave Espada – explicó Cross.
- La Llave Espada… ese cacharro que dices que puede sellar los corazones de los mundos… y dices que ese chico va acompañado de un pato cabreado y un… bicho loco… ¡para ver esas cosas hay que estar muy borracho o haber fumado algo!
- Si no nos crees – la interrumpió Merlín - ¿por qué no vienes tu misma a comprobarlo?
- ¡Por supuesto que lo haré!, ¿vendrás conmigo, Cross?
- Cla- claro… - respondió el chico poniéndose algo colorado.
- Entonces vayamos todos – dijo Merlín.

Bajaron de la torre del mago y se dirigieron a uno de los sótanos del castillo donde una extraña nave acababa de aterrizar.

- ¡Parece un juego de Lego! – bromeó Blanca
- ¿Esa es la nave Gumi? – dijo Cross desilusionado – esperaba algo más… esperaba algo más.
- Es una de las pocas maneras de viajar entre los mundos – explicó Cid – mirad, ahí bajan los chicos.
- Hey Cid, ¡cuánto tiempo sin ver ese careto tuyo!
- Acércate, Sora, que te de un abrazo.
- Si, no tengo yo otra cosa que hacer, por cierto, ¿esos dos quienes son?
- Yo soy Cross, y esta es Blanca, nuestros mundos fueron destruidos y acabamos aquí.
- Yo soy Sora, este de aquí es Goofy y aquel pato gruñón del fondo es Donald, solo hemos venido a instalar esta pieza en la nave Cid, ¿tardarás mucho?
- Dame cinco minutos.

Poco después los tres compañeros partieron de nuevo en su nave y todo el castillo volvió a la normalidad.

- Así que era verdad… - dijo Blanca.
- ¿Ahora nos crees? – intervino Yuffie.
- Es solo que… es difícil de creer viniendo de donde vengo.
- Lo se… al principio todo es difícil.
- ¿Por cierto, donde está Cross?
- Creo que subió a la torre… ¿por?
- No, no, por nada…
- ¿Qué te pasa con ese chico? Puedes contármelo, no se lo diré a nadie.
- Pues… no se… es como si… me recordara algo… a mi mundo…
- La verdad es que desde que llegaste se le ve más animado.
- Y aún así parece tan triste…
- Ha perdido su mundo, como tú.
- Lo se… creo que por eso me siento tan… cerca de él…
- ¿Por qué no vas a hablar con él?
- ¡Estás loca!
- Jajaja, no te cabrees, solo era una sugerencia…

Mientras tanto sobre la torre una persona observaba el cielo esperando ver una señal, algo que le dijera que hacer, hasta que una voz conocida le sobresaltó a su espalda.

- Así que estás aquí.
- León, me has asustado.
- Lo siento, es solo que no esperaba encontrar a nadie aquí arriba, suelo venir a pensar.
- Es un buen lugar…
- ¿A qué estás esperando? ¿alguna señal?
- La verdad… es que no lo se…
- Sabes que los sincorazón atacarán este mundo pronto, ¿verdad?
- Si, es posible que sea eso lo que espero.
- ¿Una manera de saber lo que ocurrió aquel día?
- Si, si ellos atacan es posible que lo que sea que ocurrió aquel día pase de nuevo…
- Pero también es posible que no ocurra…
- Si, pero de todos modos lo que va a ocurrir es inevitable, los sincorazón ya están en camino…
- ¿Cómo lo sabes?
- Los siento, siento su hambre, sus ganas de devorar corazones… puedo sentir su ira, su odio hacia cualquier ser que posea un corazón…
- Ya veo…
- La puerta está a punto de abrirse…
- Esta historia puede acabar aquí.
- No, León, te equivocas, esta historia no ha hecho más que comenzar…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:54 pm

En un enorme palacio plateado sobre las nubes reinaba el caos más absoluto, unos guardias vestidos de negro corrían de un lado a otro por los pasillos y lo mismo hacían otros hombres encapuchados completamente vestidos de blanco.

- ¿Qué ocurre, Belias? – Preguntó uno de los hombres encapuchados al jefe de la guardia del palacio.
- ¡Señor Mateus!, Sanctus acaba de ser asesinado.
- ¡Eso es imposible! ¿cómo puede un Dios ser asesinado?
- No lo sabemos, señor, por ahora lo único que sabemos es que uno de los clérigos ha encontrado su cuerpo en su balcón con una herida de espada en el pecho.
- Mi maestro, asesinado… He de ir a hablar con Famfrit, es el único que puede saber algo de lo que ha ocurrido, por algo es el más sabio entre todos nosotros…


- Esto no es normal, Merlín, ¿cómo puede una tormenta formarse tan deprisa?
- Eso no es una tormenta Cid, es una puerta a la oscuridad, avisa a los chicos, no hay tiempo.
- No será necesario Merlín, ya estamos todos listos – dijo Cloud mientras irrumpía en la sala seguido por los demás, todos preparados para la inminente batalla.
- Cuidaros todos, no podemos dejar que este mundo sea destruido.

Acto seguido todos abandonaron el castillo excepto Cross y Blanca.

- Deberías quedarte aquí, Blanca.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Tengo las mismas ganas de luchar que tú!
- Lo se, pero no puedo dejar que te arriesgues de esta manera, desde que perdí mi mundo no sabía lo que hacer, por qué luchar… hasta que apareciste tú, por favor, no quiero volver a perder mi razón de vivir, no ahora que te he encontrado…

Y después de esto Cross abandonó el castillo dejando a Blanca en la puerta, sin saber que hacer, mientras que otro mundo se desmoronaba a su alrededor, impotente… ella tampoco quería perder lo que había encontrado en este nuevo mundo, tenía buenos amigos… le tenía a él, no podía dejar que todo fuera destruido sin más, tenía que protegerlo… y solo había una manera, no podía quedarse sentada viendo como los otros caían y se convertían en nuevos monstruos que buscaban destruir más y más mundos… tenía que ayudarles… tenía que luchar…

Todos luchaban al máximo de sus fuerzas, la magia de Merlín hacía saltar a cientos de enemigos por los aires con cada hechizo, las espadas de Cloud y León partían a los enemigos en dos uno tras otro, Yuffie cubría la espalda a Tifa con su enorme suriken mientras que esta golpeaba a las sombras con sus puños con toda la fuerza de la que era capaz (que no era poca), Cid empuñaba su enorme lanza una vez más para hacer frente a sus enemigos, Cross usaba su katana, la espada que León le entregó el día que comenzó con su entrenamiento, y asestaba a sus enemigos rápidos golpes que hacían que estos fueran despareciendo uno a uno, y Blanca, al a vez que bloqueaba los ataques enemigos con su espada, lanzaba conjuros básicos pero efectivos, que hacían que los sincorazón cayeran uno tras otro… pero aún así parecían no dejar de aparecer más y más monstruos…

- ¿Es qué esta batalla no va a acabar nunca? – Gritó Blanca desesperada.
- En todos los ataques hay un sincorazón que lidera a los demás, si logramos encontrarlo y destruirlo…
- Eso dejádmelo a mí – Gritó Cloud, y golpeado con su espada en el suelo creó una honda expansiva que avanzó hacia delante destruyendo a todos los sincorazón que había a su paso, pero no ocurrió nada, solo más sombras…
- Parece que habrá que buscarlo por otros medios – dijo Cross, pero en ese mismo instante oyó gritar a Blanca.
- Eso suena como que ya no habrá que buscar más, - intervino Tifa - ¡estoy en camino!

Los hechizos de Blanca parecían no hacer efecto en la criatura y el primero que llegó en su ayuda fue Cross.

- Te dije que te quedaras dentro.
- No podía dejar que lucharais solos.
- No es momento de discutir, chicos – dijo Tifa cuando llegó – Veo que vuestros ataque no le hacen demasiado daño, ¿no? – y tenía razón, ya que ni los hechizos de Blanca ni los golpes de David conseguían atravesar la dura piel del monstruo – Pero me temo que yo tampoco seré de mucha ayuda contra esta criatura…
Ninguno de los ataques de los compañeros, ni siquiera los tremendos mandoblazos de Cloud parecían hacerle daño a la criatura, fue entonces cuando el monstruo golpeó a Blanca y la lanzó a unos cuantos metros de la batalla, entre un mar de figuras negras.

- ¡Blanca! – gritó Cross.
- No te preocupes por ella – le dijo Yuffie – yo me encargaré de protegerla, tu ayuda a los demás con este… bicho.
- ¡No puedo dejar que NUESTRA HISTORIA acabe así! – exclamó Cross a la vez que conjuraba el hechizo más poderoso que conocía - ¡¡ARDE EN EL INFIERNO!! – y una enorme bola de fuego, mayor incluso que las que Merlín conjuraba, salió disparada de sus manos hacia la armadura del líder de los sincorazón, enviándolo a varios metros de distancia y abriendo un tremendo agujero en su armadura, había logrado con un solo hechizo lo que ninguno de los demás había logrado con sus ataques más poderosos.
- ¡Esta es nuestra oportunidad! – gritó León saltando hacia aquel enemigo que comenzaba a levantarse y le clavó la espada en el lugar que la llamarada había dejado al descubierto.

La criatura lanzó un tremendo alarido y se retorció de dolor, todas las sombras se detuvieron en seco y miraron a su agónico líder convertirse en polvo mientras que las nubes desaparecían dejando un cielo azul y limpio tras de sí, entonces comenzaron a retirarse, miles de portales oscuros se abrieron para permitir la huida de las criaturas dejando un paisaje desierto y desolado por la batalla.

Dos personas quedaron tendidas en el suelo, Blanca, que tras el golpe de su enemigo había quedado inconsciente y Cross, cuyo cuerpo no había aguantado la enorme liberación repentina de energía y había perdido el conocimiento.

Mientras en el palacio de plata la calma se iba recuperando poco a poco, si el líder de los Dioses había sido asesinado todo aquel revuelo solo repercutiría negativamente en el mundo humano, pero no solucionaría nada, lo único que podían hacer era buscar un nuevo guía, y la única persona capaz era el aprendiz de Sanctus, Mateus, del que muchos sospechaban como asesino de su maestro, y que por ello se había ganado el apodo de Mateus el Innoble, al igual que su maestro era conocido como Sanctus el Justo.

Al parecer la única forma de matar a un Dios era usando la Espada de los Reyes, que se encontraba sellada en algún templo oculto tanto a hombres como a Dioses y cuya entrada solo una persona podría abrir, el portador de la Llave Espada. Pero al parecer el mundo en el que el templo se ocultaba había sido absorbido por la oscuridad, por lo que teóricamente la Espada había desaparecido para siempre, por lo que nadie entendía que podía haber pasado.

Lo único que sabían era que todo iba a cambiar tanto en su mundo como en el otro, un cambio en el Señor de los Dioses siempre suponía un periodo de transición lleno de catástrofes, y eso unido al rápido avance de la oscuridad podría desencadenar el fin del universo… Pero el no haber un Dios al mando supondría el caos absoluto y el resultado sería el mismo, había que arriesgarse…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:55 pm

Habían pasado ya dos días desde el ataque a Bastión Hueco, Blanca ya se había recuperado por completo, después de la batalla había terminado con un brazo roto, pero en cuanto despertó uno de los hechizos de Merlín fue suficiente para que se recuperase por completo, sin embargo Cross aún no había despertado.

- ¿Qué le ha pasado?- preguntó Blanca en cuanto se enteró de que estaba inconsciente.
- Gastó todo su poder en un hechizo, al liberar toda su energía de golpe su cuerpo se saturó y no pudo aguantar más.
- ¿Se recuperará?
- Solo necesita descansar…

Ella pasaba días enteros en la habitación de Cross esperando que despertara, hasta que finalmente, Casi una semana después del ataque, cuando ya Blanca empezaba a desesperar y a pensar que no despertaría, él abrió sus ojos y lo primero que vio fue a aquella chica sentada a su lado.

- Te… dije que no… lucharas,… Blanca…
- Lo se, y lo siento, pero no podía dejaros luchar solos.
- No importa, gracias por ayudarnos…
- Tenía que hacerlo, yo tampoco quiero perder lo que es importante para mí – y diciendo esto le abrazó y ambos se fundieron en un beso.

A partir de aquel día los ataques se hicieron más comunes y no había día en el que no apareciese algún sincorazón, pero nada comparado con el primer ataque, Cross no había vuelto a tener la sensación de la noche anterior a la invasión y se sentía feliz.

Donde antes albergaba odio hacia los sincorazón y deseos de venganza ahora guardaba amor hacia Blanca y el deseo de lograr la paz.

Buscaba acabar con los sincorazón no por vengar su mundo, sino por proteger lo que tenía y para poder disfrutar de una vida junto a ella, esa era su meta, hasta que un día se produjo otro ataque a gran escala, esta vez liderado por un viejo conocido de Cross y Cloud.

- ¡Sephiroth! – se asombró Cloud cuando le vio aparecer encabezando a los sincorazón – así que finalmente te encuentro…
- ¡Ese hombre… fue el que destruyó mi mundo!
- Veo que te has encargado de hacer amigos allí donde vas, Sephiroth.
- Nunca pensé encontraros aquí a los dos, de hecho nunca pensé que seguiríais vivos…
- Estoy vivo, Sephiroth, ¡¡y pronto serás tú el que no lo este!!

Cloud y Cross se lanzaron contra el ángel unialado mientras los demás se hacían cargo de los sincorazón, pero el hijo de Jenova no había perdido nada de su poder de cuando traicionó a su mundo, de hecho la oscuridad le había dado más poder, y no le costó dejar fuera de combate a Cross para enfrentarse cara a cara a Cloud, que tampoco pudo hacer nada y pronto cayó exhausto de rodillas.

- ¿Por qué Sephiroth? ¿por qué destruiste nuestro mundo?
- Es lo que Madre quiso hacer hace mucho tiempo, y ya que una vez fuisteis capaces de detener a Meteorito busqué otra manera, pero una vez que terminó, descubrí que no solo nuestro mundo estaba corrupto, sino que muchos otros también, por lo que tuve que… “purificarlos” todos, y este es el siguiente de mi lista.
- Se… phiroth…, tú… tú… destruiste mi… mundo – dijo Cross mientras se levantaba con mucho esfuerzo – yo… nunca te lo perdonaré… mataste a todos… sumiste todo en la oscuridad… y ahora quieres hacerle lo mismo a este mundo… ¡¡¡NO TE LO PUEDO PERMITIR!!! – entonces un aura de energía pareció cubrirle, pero no era energía sin más, era como si ese aura estuviera viva, de hecho parecía tener forma humana e incluso se podían percibir los rasgos de su rostro, poco a poco el chico fue absorbiendo ese aura hasta que se hizo uno con ella y entonces se creó una potente honda expansiva a su alrededor que lanzó por los aires a todos, tanto amigos como enemigos.
- Tú no eres un humano cualquiera… ¿por qué no te unes a los sincorazón?
- No pienso apoyar a nadie que se dedica a destruir mundos por que sí, - ya no tenía aquel débil cuerpo humano que una vez lanzó toda su energía con un solo golpe, sino que se había convertido en lo que Sephiroth intentaba aparentar con su ala, en un ángel, su ropa no cambió, sin embargo sus brazos y manos aparecían cubiertos de vendas y de su cuello colgaba una cadena con una cruz con un corazón en su interior.
- Ya veo, ¿un enviado de los dioses?
- No, un hombre surgido de entre los demás para protegerlos de la oscuridad.
- Jajaja, te diré una cosa, muchacho, en la vida real no existen los finales felices.
- Déjame que te aclare una cosa, Sephiroth, en la vida real no existen finales felices porque el mundo real no tiene más que un final, y tu pronto lo conocerás.
- Eres valiente, chico, pero los héroes no existen, de todos modos eso me gusta, tu coraje, tu odio… pero en tu interior hay algo más que odio, bajo ese valor hay algo que deseas proteger por encima de todo, ¿qué es? ¿me darías el privilegio de arrebatártelo?
- No tendrás oportunidad de volver a arrebatarle nada a nadie. – y diciendo esto desplegó sus alas blancas, materializó una enorme espada en su mano y se lanzó hacia su enemigo que lo esperaba deseando que sus armas se encontraran.
- ¡Esto es! ¡Lo que he estado buscando todo este tiempo! ¡Un enemigo digno!
- Si lo que deseas es una batalla contra alguien capaz de hacerte frente, yo te la daré - pero tras casi media hora de golpearse entre ellos sin llegar a herir al enemigo ambos se encontraban exhaustos.
- Dejemos esto para otra vez, es un sinsentido que luchemos eternamente sin acabar con esto. – y acto seguido un portal oscuro se abrió a su espalda y desapareció de aquel mundo junto con todos sus sincorazón.
- ¡Cross! – gritó Blanca mientras corría hacia la figura que se encontraba solitaria en mitad de lo que había sido un campo de batalla, y cuando se acercaba a él sus alas se desintegraron en miles de plumas que flotaron por el aire y él cayó de rodillas al suelo - ¡Cross! ¿estás bien?
- Jeje, he estado mejor…
- ¿Dónde está Sephiroth? – preguntó Cloud apareciendo detrás de Blanca.
- Escapó.
- Bueno, sobrevivir a una batalla uno contra uno frente a él es algo que pocos pueden contar, Blanca, llévalo al castillo, necesita descansar.
- Sí.
- Gracias, Blanca. Cloud, Sephiroth volverá.
- Lo se.
- Y la próxima vez no le dejaremos escapar.

Después de aquel día los ataques cesaron, y todos pudieron descansar un tiempo, aunque Cid se empeñara en no dejar tranquilo a Cross preguntándole constantemente sobre el poder que había utilizado en la batalla contra Sephiroth, Y la verdad era que él no tenía ni idea de dónde había salido aquel poder.

Mientras tanto los Dioses del palacio de plata comenzaban a restaurar los daños causados por la muerte de su guía, y procuraban causar los menores daños posibles al mundo humano, sin embargo había uno que no se dedicaba a las labores de reconstrucción, son que miraba fijamente a uno de los mundos donde acababa de ocurrir algo impresionante, los sincorazón de Sephiroth habían sido rechazados por primera vez desde que la guerra entre la luz y la oscuridad comenzó.

Un chico había liberado un poder nunca antes visto en aquel mundo, un poder que solo un elegido de los Dioses podía poseer.

- Así que ese es la Espada de Sanctus… debería seguir apoyando la elección de mi maestro, pero aún así haré también la mía propia, los Dioses tendrán dos Espadas de ahora en adelante, ¡Belias!
- Mi señor Mateus…
- Sabes que en el mundo humano hay una guerra, ¿verdad?
- Si, mi señor.
- Y sabes que los Dioses no podemos intervenir directamente en ese mundo.
- Si, mi señor.
- Sanctus eligió a una persona, un humano, para que fuere su “Espada” en el aquel mundo, y esa “Espada” acaba de despertar, pero no sabe lo que está pasando. Ahora Sanctus está muerto y el elegido se ha quedado sin protector, pero yo seguiré apoyándole aunque… haré otra nueva elección.
- ¿Mi señor?
- Por Dios, Belias, no me llames siempre “mi señor”, sabes que me pone de los nervios que me llames así, llámame Mateus.
- Si, mi señor Mateus.
- Bueno, vamos mejorando, el caso es que he elegido a otra persona para que sea MI “Espada”.
- ¿Y esa persona es…?
- Ahora mismo tu misión no tiene nada que ver con esa persona, irás al mundo humano, ya que yo no puedo bajar, te reunirás con la “Espada de Sanctus” y le enseñarás a controlar su poder. Solo de este modo la luz tendrá una posibilidad de sobrevivir a la oscuridad que se avecina.
- ¿Alguna orden más, Mateus?
- Te pediría un café, pero como te tienes que ir rápido, con que le digas a Miria que venga a verme en cuanto pueda me conformo.
- Si, Mateus.

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:55 pm

- ¡Mira Cid! ¡Un meteorito! – gritó Blanca asombrada desde una de las ventanas del castillo.
- Eso no es un meteorito, es alguien que viene de otro mundo, ¡Cloud!, ¡León! ¡ir a ver que pasa!
- De acuerdo – se resignaron ambos.
- ¿Por qué siempre actúas como si fueras el jefe? – preguntó la chica intrigada.
- No es que sea el más mayor, ahí tienes al viejo loco de Merlín, tampoco el más poderoso, al menos no sin mi barco, simplemente soy el más listo y el más guapo de todos…
- (¬¬) ¿Qué has dicho de un barco?
- Ah, mi barco volador, el Highwind, era una verdadera obra de arte, mira una foto, ¿no es precioso?
- ¿Y donde está?
- Pues… la verdad es que no lo se… espero que no haya desaparecido con mi mundo, aunque si no lo ha hecho ahora mismo estará flotando por el espacio sin rumbo…
- Ammm, interesante… ¡Ah! Ya vuelven.

Cloud y León entraron acompañando a un hombre completamente vestido de negro que, según explicó, no había perdido su mundo, sino que viajaba de mundo en mundo destruyendo a los sincorazón y les mostró sus poderes que parecían similares a los de Cross, por lo que decidieron que ese hombre le enseñara a controlarlos, tal y como Mateus había predicho.

Unos días más tarde aquel hombre, Belias, y Cross abandonaron Bastión Hueco y se dirigieron a otro mundo, donde comenzaría su nuevo entrenamiento.

Cross apenas se fijó hacia donde iban, no podía dejar de pensar en lo que dejaba atrás, la noche anterior no había podido dormir y había subido a la torre, a mirar las estrellas, pero cuando estaba allí había oído llegar a alguien, era Blanca, y pasaron toda la noche allí, juntos, simplemente el uno al lado del otro, en silencio, aunque no necesitaban palabras, ambos sabían lo que el otro pensaba, y finalmente, al amanecer, los dos se unieron en un abrazo que desearon que no acabara nunca, pero no fue así, David tuvo que irse, siempre con el pensamiento en su cabeza de que lo hacía para conseguir el poder suficiente para protegerla.

Belias abrió un portal, pero a diferencia de los de los sincorazón este era un portal de luz, al atravesarlo Cross se encontró volando en el espacio, desde que llegó a Bastión Hueco había querido viajar a otros mundos, pero nunca pensó en viajar de esa forma.

- Primero tengo que ir a un par de mundos, allí nos enfrentaremos a los sincorazón y empezaremos por fortalecer tu fuerza sin activar tus poderes, más tarde comenzaremos a intentar liberarlos.
- Tú eres el que sabe lo que hace, tú mandas.
- Bien, en ese caso te explico, Sora viaja por los mundos que quedan sellando las cerraduras, nosotros viajaremos por los mundos ya consumidos para intentar contener el nacimiento de sinrazón en los núcleos corrompidos.
- ¿y cómo vamos a hacer eso?
- Uno de los poderes que pronto aprenderás a controlar es el de crear LUZ, si iluminamos los núcleos las oscuridad no podrá reproducirse, iluminaremos dos o tres núcleos y después iremos a un buen lugar para entrenar.

No era demasiado difícil iluminar los núcleos, apenas tardaron unas horas en iluminar dos de ellos, mientras que Cross contenía a las sombras, Belias liberaba sus poderes e iluminaba el mundo, tardaban casi más en viajar entre los mundos que en acabar su trabajo allí.

En un día acabaron con los tres núcleos que habían decidido iluminar y Belias decidió pasar la noche en un mundo que aún no había sido absorbido y que tenía su corazón ya sellado.

- Así que Sora ya ha estado aquí…
- Sora no ha estado aquí, Sora está aún aquí – se oyó una voz a su espalda y Cross reconoció enseguida al portador de la Llave Espada.
- ¡Sora!
- ¿Qué haces tú aquí? ¿ha pasado algo en Bastión Hueco?
- Ha habido varios ataques, pero aún seguimos enteros.
- ¿Entonces por qué estas tan lejos de allí?
- Es una larga historia…
- Tenemos tiempo, ¿no es así?

Esa noche Cross contó todo lo ocurrido desde el ataque de Sephiroth y lo que había estado haciendo desde entonces, a la mañana siguiente Sora, Donald y Goofy partieron en la nave Gumi y Cross y Belias atravesaron otro nuevo portal.

Pero este portal era diferente, no era una simple puerta de luz, esta parecía completamente material e incluso podía tocarse. En la parte superior ponía “EGO SUM LUX MUNDI”.

- “Yo soy la luz del mundo”…
- Ya veo que en tu mundo no perdiste el tiempo.
- La verdad es que a veces no sabía ni en que idioma hablaba…
- Bueno, eso da igual.
- ¿Por qué es esta puerta diferente?
- Porque esta puerta lleva a un lugar completamente diferente de cualquier otro que hayamos visitado hasta ahora ¿vamos?




Ambos atravesaron la puerta y cuando Cross esperaba encontrarse flotando en el espacio se encontró de pie sobre lo que parecía algodón, enfrente de una enorme puerta de plata.

Belias avanzó unos pasos y golpeó la puerta, que se abrió casi al instante dando paso a un gigantesco vestíbulo también de plata iluminado por lo que parecían pequeñas estrellas que flotaban por todas partes.

Todas las personas del vestíbulo se quedaron como paralizadas mirándolos, particularmente a Cross, que comenzó a sentirse incómodo.

Había dos tipos de personas en aquel lugar: unos hombres armados vestidos con uniformes de batalla de cuero negro y otros hombres encapuchados vestidos con una túnica completamente blanca…

De repente, de las escaleras del final del pasillo comenzó a oírse ruido de pasos y todos se apresuraron a dejar un amplio pasillo desde el final de las escaleras hasta donde se encontraba Cross. Un gran grupo de soldados vestidos de negro pero con enormes lanzas y con algunas pequeñas piezas plateadas en su uniforme aparecieron descendiendo las escaleras y se situaron flanqueando el amplio pasillo, tras ellos apareció otro hombre vestido de blanco, pero este con la capucha quitada dejando su rostro a la vista.

- Bienvenido a casa, hermano.
- Mateus…
- Bienvenido, Espada.
- ¿Espada? – se extrañó Cross - ¿Yo?
- No te preocupes, - rió el hombre de blanco – pronto comprenderás todo. Por favor, ven conmigo, te hemos estado esperando…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:56 pm

- Es extraño, - dijo Cloud a León – cuando Cid dice que han aparecido sincorazón en el mundo no suele fallar, ¿por qué no hay por ninguna parte?
- No lo sé, pero quizás deberíamos buscar un poco más…
- Tienes razón, sigamos un poco más adelante.

Los dos compañeros avanzaban, alejándose cada vez más del castillo, hasta que vieron unas siluetas moverse en una colina a lo lejos.

- ¡Ahí están!
Pero cuando llegaron alguien se les había adelantado, una mujer rubia vestida de negro se encontraba allí derrotando a todos los sincorazón sin ni siquiera desenvainar la espada que llevaba en su espalda. Cuando acabó con toso se dirigió a los dos compañeros.

- Así que vosotros sois los guardianes de este mundo… vaya guardianes, no sois capaces ni de llegar a tiempo a una batalla…
- ¿¡Quién eres tú!? – preguntó Cloud.
- Oh, perdonad - dijo la mujer sonriendo amablemente – os hecho la bronca sin ni siquiera presentarme antes, que maleducada, jeje. Me llamo Miria, viajo por los mundos eliminando sincorazón.
- Últimamente tenemos muchas visitas que se dedican a eso…
- ¿Belias ha estado aquí también?
- ¿Le conoces?
- Si, es un compañero, y si nos han enviado aquí a los dos… este debe ser un mundo interesante.
- La verdad es que hay gente de muchos mundos destruidos, - explicó León – esa es la curiosidad de este mundo.
- Ven con nosotros – pidió Cloud – vayamos con los demás al castillo.

Unas horas después llegaron al castillo, “ahora comprendo por qué habéis tardado tanto en llegar…” había dicho Miria por el camino. Una vez allí Después de las presentaciones Miria se quedó hablando con Merlín.

Al parecer la misión de Miria era encontrar a cierta persona para llevarla con su “organización”, y al parecer esa persona era Blanca, y esta, al haberse ido también David no tenía ningún motivo para negarse a ir con ella, por lo que al día siguiente otra compañera abandonó Bastión Hueco.

Miria la llevó directamente al palacio de plata, donde fue recibida de igual manera que Cross y levada al ala norte del edificio, mientras que David se encontraba en el ala sur, por lo que en ningún momento supieron que el otro se encontraba en el mismo edificio, aunque podían sentir su presencia, pero nunca pensaron que fuera real, creyeron que era solo nostalgia…

A ambos se le explicó lo que ocurría, donde estaban, les explicaron que todas las personas de ese mundo eran conocidos como los Dioses en el suyo, y que ellos habían sido elegidos por los Dioses para detener, junto al elegido de la Llave Espada, a la oscuridad que buscaba consumir el universo.


La Llave Espada podía derrotar a la oscuridad con forma corpórea y evitar que devorara los mundos, pero su misión era derrotar a la oscuridad incorpórea, la que aún no tiene una forma material, la fuente de la que nacen los sincorazón, y una vez que la guerra acabase, con la ayuda de los Dioses, deberían devolver la luz a los mundos que habían sido absorbidos.

Pronto comenzaron a dominar sus nuevos poderes y, según sus maestros, en un mes habían adquirido suficiente fuerza como para enfrentarse de igual a igual al jefe de la guardia del palacio, Belias.

Cross fue el primero en regresar al mundo humano tras tres meses en la Tierra de los Dioses, pero al llegar a Bastión Hueco se encontró con que había sido devorado por la oscuridad.

Buscó a sus amigos por todos los rincones del mundo, pero no encontró ni rastro de ellos, lo que si halló fue el núcleo de la oscuridad en el planeta y usando sus nuevos poderes fue capaz de iluminarlo para evitar el nacimiento de nuevos sincorazón, por ahora era todo lo que podía hacer.

Viajó de mundo en mundo buscando a Sora para saber si él había oído algo sobre alguno de sus amigos, era posible que alguno hubiera escapado de Bastión Hueco antes de que el mundo se consumiera, pero no lo encontró, lo único con lo que se tropezaba era con los sincorazón, en cada mundo que pisaba encontraba esas criaturas.

Las derrotaba y seguía adelante, por las noches pensaba en el por qué no había podido salvar a sus amigos, en por qué no la había podido salvar a ella.

Sin embargo Blanca estaba a salvo y poco después también regresó al mundo humano encontrando Bastión Hueco destruido, pero sin embargo de su núcleo no nacían sincorazón, ¿habría sido iluminado ya por algún guardia del palacio?

No lo sabía, así que decidió viajar por los mundos, buscar a sus amigos y cumplir su deber, y por encima de todo, encontrarle él. Desde que la dejó en Bastión Hueco para irse a entrenar con Belias ella había sentido un enorme vacío en su interior, sentía que algo la faltaba, le faltaba él.

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:57 pm

Tres años habían pasado y la guerra aún no tenía un final a la vista. A pesar de que en todos los mundos libres se sabía que Sora avanzaba rápidamente hacia el enemigo y derrotaba a todo sincorazón que se interpusiera en su camino aún parecía que la oscuridad era invencible, y más y más mundos seguían sucumbiendo.

Estaba anocheciendo y Cross llegó al mundo libre más cercano a la frontera con la oscuridad. La gente al verle al principio se asustaba, ya que la cercanía con la frontera producía miedo a los habitantes del lugar, pero eso ya no le importaba, tenía tranquilidad.

Pero no fue el único en llegar a ese mundo, otra puerta se abrió y una chica morena llegó al mundo a través de ella y se dirigió al pueblo más cercano, el mismo en el que Cross se encontraba en lo más parecido a un hotel que había pidiendo algo para comer.

Apenas le habían servido el plato cuando la chica entró, Cross sintió su presencia, era como si la conociera de algo… pero no sabía de que… no podía recordarlo.

El camarero se acercó a la chica para decirla que no quedaban mesas libres, pero Cross le detuvo y la invitó a sentarse con él.

Comenzaron a hablar, pero ninguno dijo su nombre al otro, tan solo que eran viajeros que se dedicaban a eliminar a los sincorazón, pero en esos tiempos había bastantes grupos que habían comenzado a realizar esa tarea, de modo que no era nada fuera de lo común, lo que si que les sorprendió es que ambos buscaban a un grupo de cazadoras de sombras en particular, Cid y sus chicos, que habían escapado de la destrucción de Bastión Hueco ahora se dedicaban a destruir sombras, y era a ellos a quien ambos buscaban.

Decidieron que podían buscarlos juntos, a ambos les vendría bien algo de compañía…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:58 pm

Tampoco quedaba más que una habitación, y decidieron que no les importaba compartirla, y de todos modos Cross no pasó apenas tiempo en el dormitorio, subió al tejado a mirar las estrellas, y estaba haciendo eso cuando todo el cielo se oscureció por completo, un ataque, en esta zona debía ser bastante frecuente.

Inmediatamente se levantó y bajó a la habitación, despertó a su compañera y la pidió que sacara a todas las personas que pudiera de aquel mundo mientras sacaba su katana, un arma que a la chica le resultó familiar, pero no sabía por qué…

Inmediatamente ella abrió un portal de luz y los habitantes del mundo comenzaron a cruzarlo, ella fue la última en irse, dejando a Cross solo para enfrentarse a las sombras.

Este desenvainó su espada y se dispuso a esperar a los sincorazón, que no tardaron en aparecer, y en comenzar a caer bajo su espada. Fue entonces cuando vio a su líder, era una mujer alta, con unos extraños tatuajes en la cara y unas alas negras en su espalda.

Aquella mujer se acercó a él.

- ¿Quién eres, humano?, ¿acaso intentas enfrentarte a los sincorazón?
- ¿Y quién eres tú para oponerte a la voluntad de los Dioses?
- Jajaja, ¿los Dioses?, yo sirvo a la Diosa más grande, ¡la Oscuridad! Soy Artemisa, Señora de las Sombras.
- Ya veo, la bruja que traicionó al mundo de Squall.
- ¿Squall? ¿aún sigue con vida?
- ¡A diferencia de ti dentro de poco! – se oyó una voz detrás de David, la voz de León.
- Os he estado buscando durante tres años, chicos. – dijo Cross.
- ¿¡Cross!? – preguntó asombrada Tifa - ¿qué has estado haciendo todo este tiempo?
- Ya os lo he dicho, buscaros… pero este no es el mejor momento para hablar, León, ¿te ocupas de Artemisa?
- No hace falta que me lo pidas.
- Entonces nosotros nos encargaremos del resto, ¡vamos!





La batalla comenzó y mientras que León se enfrentaba a la persona que había entregado su mundo a la oscuridad los demás se hacían cargo de las sombras.

- ¿Cómo escapasteis de la destrucción de Bastión Hueco, Tifa?
- Fue una cosa rara, el barco volador de Cid cayó en el mundo unos días antes del ataque, tras unas cuantas reformas Cid le instaló un motor Gumi a Highwind y cuando los sincorazón atacaron y no pudimos resistir más salimos volando de allí.
- ¿Todos?
- Si, todos los que aún estábamos en Bastión Hueco.
- Entonces Blanca está con vosotros, ¿verdad?
- ¿Blanca?, ¿no lo sabías?, una mujer, compañera de aquel hombre con el que te fuiste a entrenar, llegó un día y se la llevó para prepararla.
- ¿¡Cómo!?
- ¿No lo sabías?
- ¡Tengo que encontrarla!
- Primero tenemos que proteger este mundo, ¿donde están sus habitantes?
- Los sacó de aquí… ¡Blanca!
- ¿¡Qué!? ¿pero no decías que no sabías nada de ella?
- ¡Y no sabía nada! Pero en este mundo había otra cazadora de sombras, es la que sacó a todos los habitantes, ¡sabía que la conocía!
- ¿Por qué no dejáis de hablar y os ponéis a luchar en condiciones?
- ¡Cid! ¿dónde está este hombre ahora?
- Está en el Highwind, esperando para sacarnos de aquí cuando sea necesario.
- No creo que haga falta.
- ¿Por qué lo dices?
- Mira a Squall.
- Va a…
- Si… Summum…

La batalla entre León y Artemisa estaba a punto de terminar, León iba a utilizar su golpe definitivo, pero Artemisa utilizó sus últimas energías para invocar a Gryphus, el león del anillo de Squall León.


Aunque no le sirvió para salvarse si que consiguió que la criatura apareciese y atacase a León dejándole fuera de combate.

- ¡Se acabó! – Gritó Cross - ¿es que esta mujer no sabe dejar de molestar ni después de muerta? – y levantó la punta de su espada hacia el cielo - ¡Bahamut, el rey dragón!

La enorme criatura apareció entre las nubes y aterrizó sobre un grupo de sincorazón que se encontraban por la zona. Inmediatamente vio a Gryphus y se lanzó contra él.

El combate entre las dos criaturas fue corto, Bahamut le superaba ampliamente en poder y Gryphus había perdido a su invocadora, por lo que estaba desorientado y apenas aguantó unos cuantos golpes del rey de los dragones.

En cuanto la bestia cayó los sincorazón huyeron y Bahamut se retiró, fue entonces, al despejarse el cielo y comenzar a amanecer, cuando pudieron ver la Highwind, el barco volador de Cid, que aterrizó cerca de donde se encontraban y por fin casi todos los compañeros se reunieron.

Tras el reencuentro todos embarcaron y se dirigieron a otro mundo, donde Sora los estaba esperando.

- Habéis tardado lo vuestro.
- Pero hemos terminado lo que teníamos que hacer.
- Eso espero, León.
- Ya veo, ¿después de tanto tiempo ni siquiera saludas a un viejo amigo? – intervino Cross.
- ¿Cross? ¿eres tú? ¿dónde te has metido todo este tiempo?
- Pues he estado buscándoos y escuchando historias sobre el elegido de la Llave Espada en cada mundo que visitaba, parece que te acercas al final de tu camino, ¿no es así?
- Si, eso parece, pero la Oscuridad aún es espesa…
- A partir de ahora menos – dijo Tifa – Otra Señora de la Oscuridad ha caído, Artemisa.
- ¿La derrotaste, León?
- Si, pero no pude acabar con Gryphus, necesité algo de ayuda.
- ¿Y qué harás ahora?
- Para empezar… recuperar mi nombre.
- ¿Tu nombre?
- Si, Sora, León no es mi verdadero nombre, deja que me presente de nuevo; yo soy Squall Leonhart.

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:58 pm

- Así que queréis que os ayudemos en vuestro asalto a la oscuridad.
- No exactamente, queremos que mientras que nosotros entramos en la oscuridad vosotros desviéis la atención de los sincorazón hacia otro lugar.
- ¿Y cuando pensáis comenzar con vuestro ataque? – se interesó Cross, más que nada para evitar que la discusión se alargase interminablemente.
- Teníamos planeado entrar en la oscuridad dentro de dos días.
- Entonces tendré que cancelar mi cita en la peluquería – se quejó Tifa.
- Dos días… aún tengo algo de tiempo para buscarla… si no os importa me iré ahora, si empiezo ya es posible que la encuentre, estaré de vuelta aquí para apoyaros en vuestro plan – y después de decir esto desapareció atravesando un portal luminoso.
- ¿Por qué siempre tiene que desaparecer de repente? – preguntó Tifa.
- Solo busca a alguien importante para él – la respondió Sora – es como yo, solo quiero encontrar a Kairi, o tu cuando buscabas a Cloud…
- Si, tienes razón…

Mientras todos seguían conversando Cross ya había llegado a un mundo cercano al que había defendido poco tiempo antes, preguntó a todos los que encontró y descubrió que Blanca había llevado allí a los refugiados y había partido casi de inmediato, pero nadie sabía hacia donde.

Pasó dos días completos viajando por todos los mundos de la zona, pero no le quedaba tiempo y tuvo que regresar con los demás.

No hizo falta que nadie le preguntara lo ocurrido en su viaje, solo con mirarle a la cara se podía ver que su viaje había sido completamente inútil, pero no tenía otra opción que distraer a las sombras en lugar de seguir buscándola…

Y eso fue lo que hizo, los compañeros se separaron una vez más y cada uno se dirigió a un mundo diferente. De este modo pensaban distraer la atención de los sincorazón de Sora y los suyos y de paso llevarse a unas cuantas sombras por delante.

A Cross le tocó un mundo muy cercano a La Oscuridad, y cuando llegó ya estaba repleto de sincorazón, pero no fue gran problema para él enfrentarse a esas criaturas, y como acabó pronto decidió acercarse a la oscuridad, si se enfrentaba a esos seres en su propio territorio podría hacerles más daño.

Lo que vio nada más atravesar el portal lo paralizó por completo, ya había alguien luchando en aquel mundo, una chica morena que combinaba la magia hábilmente con el resto de sus ataques…

Cuando esta acabó con los sincorazón Cross se acercó a ella, era la chica que había sacado a los habitantes de aquel mundo, la chica que llevaba buscando tres años, aquella era la chica que le había dado una razón por la que luchar cuando él lo había perdido ya todo.

- Oh, no esperaba encontrarte aquí – dijo ella sorprendida al verle.
- La verdad es que yo tampoco esperaba encontrarte a ti aquí – parecía que ella aún no le había reconocido – es extraño que nuestros destinos se crucen tan a menudo, ¿no es así, Blanca?
- ¡Blanca!, como sabes mi nombre… un momento… ¿Cross?
- Te he buscado durante tres años.
- Yo también te he estado buscando – dijo mientras se abrazaban – todo este tiempo… te he echado tanto de menos…
- Yo también a ti, quisiera que este momento no acabara nunca, pero pronto la oscuridad nos tragará a todos si no hacemos algo.
- Lo se, ¿pero que podemos hacer?, en todos estos años la guerra no parece cambiar, siempre es favorable a la oscuridad…
- ¿Realmente piensas eso? Ahora mismo Sora, Donald Y Goofy están en el interior de la Oscuridad para derrotarla, los demás distraemos su atención hasta que lleguen.
- ¿Y crees que eso va a funcionar?
- No lo se, pero es el portador de la Llave Espada, tenemos que confiar en él… ahora vayámonos, no podemos quedarnos aquí para siempre.
- Tienes razón, yo vine aquí siguiendo a un Señor de la Oscuridad, Seymour Guado.
- Bien, será una buena manera de distraer a las sombras de Sora, acabar con uno de sus líderes, ¿hacia donde vamos?

Ambos atravesaron un portal de luz que les llevó a otro mundo donde les esperaba un hombre con las venas de la cara muy resaltadas, como si fueran tatuajes, y con un extraño peinado de color azul.

- Bienvenidos, mi nombre es Seymour, Seymour Guado, Venerable de Yevon.
- Encantado, Seymur, yo soy Cross, la Espada de los Dioses, o así me llaman algunos, que pena que vaya a tener que acabar contigo, pareces un tío majo.
- Yo soy Blanca, y en alguna ocasión también me han llamado Espada de los Dioses, y a lo que él ha dicho quiero añadir que cambies de peluquero, es solo un consejo, aunque no creo que vayas a tener la oportunidad.
- ¿Qué os he hecho yo para que me tratéis así?, Ánima, ven en mi auxilio.
- ¿¡Por qué todo el mundo tiene la manía de invocar cuando lucho contra ellos!? Por muy poderosa que sea tu criatura nunca podrás derrotarme… ¡¡Yojimbo, ven a mí!!

Así comenzó un nuevo combate, esta vez contra otro Señor de la Oscuridad con ansias de poder que no logró controlar toda su fuerza y eso le llevó a la caída de su invocación.

- ¡¡¡MADRE!!!
- ¿Madre?
- Según dicen Ánima es el alma de la madre de Seymour, que se convirtió voluntariamente en un orador para dar a Seymour el poder necesario para ser “aceptado” en su mundo, pero eso le volvió loco y el poder terminó por corromperlo.
- ¿De donde has sacado esa historia?
- La biblioteca del palacio de plata es enorme, ¿no es así?, ¿acaso tú no la recuerdas, Blanca?
- El palacio de plata… creí que cuando Miria me llevó allí podría verte, pero no fue así.
- Ahora eso no importa, cuando todo esto acabe estaremos juntos.
- Tienes razón, ahora hay que terminar lo que hemos empezado, Seymur, ¿estás listo para morir?
- Madre… ¿por qué… tú… por qué me abandonaste? Yo no quería ese poder, yo solo quería una vida normal, no quería acabar así… convertido en una marioneta de la oscuridad, ya no hay vuelta atrás, adiós, adiós mis sincorazón, yo seguiré el camino de mi madre, me convertiré en el último orador de Spira…
- ¿Es peligroso ahora, Cross?
- No, un orador es aquel que da su poder a los invocadores, y él es el último invocador, si se convierte en un orador… desaparecerá para siempre de este plano de existencia, si ese es su deseo, acabar junto a su madre, podemos permitírselo.

Y tras esto Seymour desapareció convirtiéndose en una nube de pequeños puntos luminosos, “lucilos”, dijo Cross, y ambos creyeron oír un débil “gracias por liberarme de esta oscuridad”, al parecer Seymour había recuperado la cordura en el último momento, de no haber enloquecido tal vez muchos mundos se habrían salvado…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 5:59 pm

- Aunque no lo parezca esta guerra ha dado un giro radical, Belias.
- ¿En serio, Mateus?
- Si, ¿sabes cuántos son los Grandes Señores de la Oscuridad?
- Cuatro, ¿no es así?
- En efecto, Artemisa, Seymour, Sephiroth y Ansem.
- ¿y eso que tiene que ver con la guerra?
- Artemisa cayó hace poco, Seymour ha sido el siguiente y Sephiroth ya está siendo perseguido.
- ¿Y qué hay de Ansem?
- Se encuentra en el corazón de la Oscuridad, el Portador se encargará de él.
- ¿Entonces la guerra ha acabado?
- No del todo, ¿no es así, Miria?
- Si, parece ser que Sephiroth es el más poderoso de todos los Señores de la Oscuridad.
- ¿Pero Mateus, acaso no son sus rivales los dos Espadas?
- Si, por eso digo que la guerra ha dado un giro radical, pero de todos modos aún no ha acabado, así que por favor, tráeme un café.
- Si, hermano – contestó Belias mientras se alejaba por los largos corredores de plata.

Habían pasado más de cuatro años desde la muerte de Sanctus y aún no se sabía demasiado de lo que podía haber pasado, pero lo que si que era seguro es que Mateus, el Innoble como se le llamó en un principio, había logrado mantener el equilibrio de su predecesor e incluso había logrado grandes avances en la guerra, parecía que sus dos Espadas trabajaban bien, y ya pocos Dioses desconfiaban de él.

Al parecer todos los compañeros habían decidido adentrarse en la oscuridad con la intención de derrotar al mayor número de sombras posibles, por lo que comenzaban a encontrarse unos con otros al llegar a algún mundo, y de ahí en adelante seguían avanzando juntos, por lo que los grupos cada vez eran más grandes, el único que seguía solo era Cloud, que perseguía a un hombre vestido de negro que portaba una enorme katana.

- ¡Sephiroth!
- Veo que al fin te has decidido a venir a buscarme, Cloud…
- Se ha acabado el tiempo en el que huía de ti.
- Y esta vez no escaparás como hiciste en Bastión Hueco – dijo una voz proveniente de un portal que se había abierto a pocos metros de los contrincantes.
- Oh, cuanto tiempo, espero que tu poder no se haya debilitado después de todos estos años, espero grandes cosas de ti, amigo, pero primero me encargaré de Cloud, tan solo espera.

E inmediatamente se lanzó contra Cloud que apenas pudo bloquear su primer golpe y recibió d lleno el segundo en el costado, lo que le produjo un profundo corte que comenzó a sangrar casi de inmediato.

- ¿Eso fue todo, Cloud? Me has decepcionado.
- Blanca, encárgate de Cloud, yo me ocuparé de Sephiroth.
- De acuerdo.
- La historia se repite, ¿volverás a liberar aquellos impresionantes poderes? Para mí será un honor matar a alguien tan poderoso.
- ¿Aún crees que serás capaz de matarme? No seas ingenuo, Sephiroth.- dijo Cross a la vez que liberaba sus poderes y adoptaba la forma de ángel que tomó cuatro años antes en su último enfrentamiento contra Sephiroth.
- Esto me trae recuerdos… - fueron las palabras con las que Sephiroth se lanzó al ataque buscando hundir a Masamune en su adversario, pero la espada invocada del ángel la detuvo y a punto estuvo de cortar en el brazo del Señor de la Oscuridad.- Estuvo cerca… pero no creas que soy tan fácil de vencer.
- Lo mismo te digo – y recibió una nueva embestida de su oponente más agresiva que la anterior y que de nuevo logró bloquear, pero él no era el verdadero objetivo de ese último golpe, sino la chica que se encontraba arrodillada junto a Cloud conjurando su hechizo de curación más potente. Pero aún así tuvo tiempo de crear un escudo mágico ante la chica que se sobresaltó al escuchar el choque del ángel unialado con el muro invisible. - ¿Así es como se supone que vas a vencerme? ¿atacándola a ella?
- ¿Recuerdas la pregunta que te hice aquella vez? ¿Qué es lo más importante para ti? ¿me concederías el placer de arrebatártelo? Eso es lo que pretendía, arrebatarte lo que es más importante para ti.


Fue el ángel el que se lanzó esta vez contra su rival, pero Sephiroth bloqueó todos los ataques que este le lanzó, aunque tampoco él fue capaz de golpearle ni una sola vez.

Por fin Blanca terminó su hechizo y Cloud, aunque algo dolorido, consiguió levantarse.

- ¡Cross! – gritó el guerrero a la vez que le lanzaba su enorme espada.

El ángel cogió el arma de su amigo y con un golpe de la pesada arma envió a su rival varios metros hacia arriba, y entonces recordó el ataque que Cloud le había enseñado hacía ya bastante tiempo, el Omnilátigo, apuntó la punta del espadín hacia el cielo y este se desmontó en varias piezas que se situaron rodeando a Sephiroth.

Cross se situó junto a una de las piezas del arma y embistió con ella en la mano a su rival para acabar junto a otra de las piezas y repetir este movimiento hasta que tan solo quedó una pieza sobre el Señor de la Oscuridad, fue entonces cuado Cloud apareció a su lado y, agarrando este su arma y el ángel invocando su espada golpearon a Sephiroth desde arriba.

El ángel unialado había perdido, no tenía fuerzas siquiera para hablar y se limitó a cubrirse con su ala y desaparecer convertido en un millar de plumas negras mientras Cross recuperaba su forma humana dejando tras de sí un millar de plumas blancas.

- ¿Estáis bien? – preguntó Blanca mientras se acercaba corriendo hacia Cloud y Cross.
- Creo que sí, aunque quizás debería avisar a Cid para que recoja a Cloud con la Highwind.
- No estaría mal… jeje – rió el cansado guerrero.

Cid no tardó en llegar con su barco y recogió a Cloud, pero no estuvieron mucho tiempo todos juntos, ya que de repente la oscuridad de los mundos comenzó a romperse, Sora debía haber derrotado a Ansem y la oscuridad comenzaba a retroceder. Cid tuvo que despegar de inmediato a recoger a los demás y dejó a Cross y a Blanca, aún tenían algo que hacer.

En el palacio de plata nadie paraba quieto, pero todavía había alguno que no se había enterado de lo ocurrido y que se preguntaba si lo que había pasado era que el Real Madrid había ganado al Barça o algo por el estilo.

- ¡Mateus!
- Dime, Belias.
- Los Cuatro Señores de la Oscuridad han caído.
- Pero aún así la guerra no ha terminado – interrumpió Miria.
- Explícate, hermana – le pidió Mateus.
- Ansem abrió la puerta a Kingdom Hearts y con la energía que eso liberó La Oscuridad ha logrado escapar de su encierro.
- Eso es malo… - concluyó el guía de los Dioses.
- Prepararé a la guardia del palacio – dijo Belias mientras corría pasillo arriba en busca de sus hombres.

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 6:00 pm

Tanto Cross como Blanca se transformaron, ambos tenían el poder de tomar la forma de ángeles ganando increíbles habilidades, y avanzaron hasta que el mundo terminó, no había nada más allá, solo oscuridad, y de esta brotó un enorme dragón negro que intentó devorar a los dos jóvenes, pero estos lograron esquivar su primer golpe, pero por desgracia Blanca no puedo evitar la enorme llamarada que el dragón lanzó a continuación y cayó en la oscuridad.

Cross no podía creerlo, acababa de reencontrarse con ella y ya la había perdido, su ira le cegó y se inició un nuevo cambio en él: sus alas se volvieron negras, y bajo ellas brotaron otras nuevas, también negras y similares a las del dragón, pero de menor tamaño, su rostro se deformó hasta convertirse en el de un demonio con un tercer ojo en su frente y de la nada surgió lo que parecía una armadura, pero que no era más que su propia piel.

Al abrir sus ojos estos emitieron una luz roja que hizo que incluso el dragón quedara paralizado por el miedo, un solo golpe de sus garras atravesó el pecho de la criatura e hizo que la enorme bestia negra cayera.

¿Era ese el verdadero poder de la oscuridad? ¿Era esto a lo que se había estado enfrentando desde el principio? ¿Era esto lo que había rechazado en su primer encuentro con Sephiroth? ¿Cuál había sido la razón que le había llevado a cometer tal estudies? Aquel poder era increíble, podía conseguir todo lo que se propusiera… entonces recordó su razón, ella, pero la había perdido, ya no tenía razón para resistirse… fue en ese momento cuando oyó esa voz…


En el palacio de plata toda la alegría que se había vivido momentos antes se había esfumado, todos los guerreros del palacio montaban guardia esperando lo peor. Mientras Mateus miraba fijamente como perdía su espada en la oscuridad y aquella que designó su maestro enloquecía y se sumía en las tinieblas, el mundo humano estaba perdido…

Desde su ventana comenzaba a vislumbrar las primeras nubes… no se oía ningún ruido, todo estaba en calma, la calma que precede a la tempestad…

La voz subía más y más de volumen en la cabeza de Cross, era la voz de… ¡La Oscuridad!

- Únete a mí, destruiremos a esos Dioses mezquinos que te han estado utilizando durante todo este tiempo, yo puedo darte lo que buscas…
- No puedo ceder… - intentaba resistir Cross, pero entonces la voz le golpeó en su debilidad.
- Yo puedo devolverte lo que has perdido, puedo hacer que ella vuelva.
- Ella… - su corazón vaciló, pero entonces recordó todos los que habían luchado junto a él, y se dio cuenta de que si cedía a la oscuridad ella no se lo perdonaría… ni él mismo tampoco.
- ¡No puedes negarte! – la voz cambió de tono drásticamente –ya te he dado mi poder, ahora eres una criatura del abismo, un ser de tinieblas, la luz ya no te llega, ya no puedes vencerme, ¡NO PUEDES ILUMINAR LA OSCURIDAD COM MÁS OSCURIDAD!
- Y no será la oscuridad la que te ilumine, ¿lo has olvidado? ¡soy la Espada de los Dioses! la luz no es una parte de mi, ¡Yo soy parte de la luz! – y entonces su apariencia cambió de nuevo a la del ángel que unos minutos antes había sido.

En el palacio de plata alguien tiró una taza de café al suelo en la torre del Maestro, Mateus se levantó repentinamente de su asiento, las nubes se disipaban en el cielo, pero no era eso lo que más le había sorprendido, sino que aquel chico, el chico del que en un principio no había esperado nada, había roto el hechizo de la oscuridad, había renunciado al poder que se le ofrecía, algo insólito en un humano.





Ese humano iluminó La Oscuridad “dónde hay luz, no hay sombra”, fueron sus palabras, las palabras con las que desterró a La Oscuridad a su plano, expulsándola del mundo humano con una luz que ni siquiera los Dioses podrían haber creado.

Tras esto, solo cayó, desapareció de la vista de Mateus, fue como si… nunca hubiera existido…

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MensajeTema: Re: Una espada de otros   Jue Mar 12, 2009 6:00 pm

Un año había pasado desde el final de la guerra, muchos mundos habían quedado completamente destruidos, otros habían podido ser reconstruidos, pero la mayoría aún estaban intentando recuperarse de las consecuencias de la guerra.

Un guerrero vestido de negro y plata entró en un pueblo, uno de los pocos que no habían sufrido los estragos de la guerra, y a la entrada se encontró con un joven de unos 18 o 19 años.

- ¡Un guerrero! Desde que la guerra acabó no se ven muchos.
- Intentamos buscar nuestro camino, no todos lo logramos.
- ¿Y tú lo has encontrado?
- Creo que si…
- ¿Entonces a qué te dedicas?
- Busco…
- ¿Buscas? Estos días todo el mundo busca algo, hay quien busca a la gente de la que se separó durante la guerra, yo busco piso y en los anuncios de la tele buscan a Jacks. ¿Qué es lo que buscas tú?
- Busco a alguien…
- Ja, es curioso, hace unas semanas pasaron unos guerreros que viajaban en una extraña máquina voladora y que decían buscar a unos amigos suyos, y ayer mismo una mujer llegó al pueblo también buscando a “alguien”.
- ¿Se ha ido ya esa mujer?
- No, pero dijo que partiría al amanecer, si quieres verla deberías darte prisa.

El hombre guió al recién llegado hasta la salida del pueblo, por la que una figura se alejaba, el guerrero dio las gracias a su improvisado guía y se dirigió tras la mujer que se alejaba.

- ¿No es demasiado pronto para partir ya, Blanca? – fueron las únicas palabras que la dirigió al llegar a su lado…

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Una espada de otros

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